El verano criminal: cuando las abejas sufren el calor

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El verano criminal: cuando las abejas sufren el calor

Un verano especialmente duro ha dejado muchas colmenas debilitadas. Detrás de cada tarro de miel hay meses de trabajo, incertidumbre y decisiones que pocas veces se ven.

Hay cosas de la apicultura que son difíciles de explicar desde fuera. Puedes hablar de colmenas, floraciones, cosechas o producción, pero hay una parte que solo entiendes cuando llevas tiempo cuidando de las abejas.

Este verano ha sido uno de esos momentos.

Después de meses especialmente duros, revisar las colmenas y encontrarte con muchas bajas, otras muy debilitadas y algunas luchando todavía por salir adelante deja una sensación complicada de describir.

«Esto solo lo sabe quien lo vive y ama a los animales».

Es una frase sencilla, pero resume bastante bien lo que hay detrás de este oficio.

Un verano especialmente duro para las colmenas

En apicultura se depende muchísimo del campo y del tiempo.

Cuando llegan largos periodos de calor y falta de agua, también cambia lo que ocurre alrededor de las colmenas. La vegetación se seca antes, las floraciones disminuyen y las abejas disponen de menos recursos naturales en su entorno.

Y cuando una situación así se prolonga durante semanas, las consecuencias pueden empezar a verse dentro de las colmenas.

Este verano ha dejado muchas bajas y colonias que han llegado muy debilitadas a su final. Algunas podrán recuperarse. Otras necesitarán bastante trabajo. Y habrá casos en los que simplemente no será posible.

Es probablemente una de las caras menos conocidas de la apicultura.

Cuando abrir una colmena deja de ser una tarea rutinaria

Revisar las colmenas forma parte del trabajo habitual de un apicultor. Pero no todas las revisiones son iguales.

Después de una temporada complicada llega el momento de ir colmena por colmena y comprobar realmente cómo están.

Hay que observar cuáles mantienen suficiente fuerza, cuáles necesitan ayuda y cuáles han llegado a una situación demasiado delicada.

No existe una respuesta idéntica para todas.

Cada colonia tiene su propia evolución y obliga al apicultor a valorar qué puede hacerse en cada caso.

Y ahí aparece una parte del trabajo que casi nunca se ve cuando alguien tiene un tarro de miel entre las manos.

Hay colmenas que toca intentar salvar... y otras que toca retirar

Cuando las condiciones han sido especialmente duras, también hay que seleccionar.

Las colmenas que todavía tienen posibilidades necesitan atención y seguimiento. Hay que comprobar cómo evolucionan y ayudar a que lleguen lo mejor posible a los siguientes meses.

Pero también puede llegar el momento de retirar aquellas que ya no son viables.

Sobre el papel parece una simple decisión de manejo apícola. Cuando has pasado meses trabajando con ellas, la sensación es muy distinta.

Porque para un apicultor una colmena no es únicamente una caja de madera de la que algún día se obtendrá miel.

Dentro hay una colonia viva que lleva meses observando y cuidando.

La parte de la apicultura que no aparece en las fotografías

La imagen más bonita de la apicultura suele llegar en primavera.

El monte está lleno de flores, las abejas entran y salen continuamente de las colmenas y comienza una nueva temporada.

Pero el trabajo continúa mucho después.

Hay desplazamientos, revisiones, mantenimiento, vigilancia de las colonias, traslados cuando son necesarios y muchas horas pendientes del campo y del cielo.

Y cuando una temporada viene mal, todo se complica.

Hay que reorganizar los colmenares, dedicar más tiempo a las colonias débiles y asumir las pérdidas que se hayan producido.

Ese trabajo invisible también forma parte de cada cosecha.

Esperando la lluvia

Quien trabaja en el campo termina mirando el cielo más veces de las que puede contar.

Después de un verano tan duro, la lluvia se espera de otra manera.

No porque vaya a solucionar de inmediato el estado de una colmena debilitada, sino porque puede ayudar al campo a recuperar poco a poco la vegetación y crear mejores condiciones para las semanas siguientes.

Cuando vuelve el agua, cambia el paisaje.

El monte empieza a reaccionar, aparecen nuevas plantas y las abejas vuelven a encontrar un entorno algo más favorable.

Ahora toca precisamente eso: observar, trabajar y esperar que las condiciones acompañen.

Ya hemos visto colmenas débiles volver a levantarse

Una temporada mala tampoco significa necesariamente el final.

La experiencia de nuestros apicultores aliados también enseña otra cosa: las abejas tienen una enorme capacidad para sorprendernos.

En otras ocasiones han visto colmenas muy débiles que, con mejores condiciones y los cuidados adecuados, han conseguido recuperarse.

Por eso siguen trabajando con aquellas que todavía tienen posibilidades.

Y por eso, incluso después de un verano como este, la idea sigue siendo la misma:

«Hay que seguir adelante, no hay más».

Detrás de cada tarro hay mucho más que miel

Cuando hablamos de miel artesanal solemos fijarnos en su variedad, su aroma, su color o la floración de la que procede.

Pero antes de todo eso están las abejas.

Y detrás de ellas está el trabajo de los apicultores durante todo el año, también cuando no hay cosecha y especialmente cuando las cosas vienen mal.

En Miel del Parpalló trabajamos junto a apicultores aliados que conocen de cerca el territorio, sus floraciones y el comportamiento de las colmenas a lo largo de cada temporada.

Cada año está condicionado por el monte, el clima y el momento en el que florece cada especie. No hay dos temporadas exactamente iguales.

Quizá por eso cada cosecha tiene tanto valor.

Cuando finalmente la miel llega al tarro, detrás quedan meses de trabajo de nuestros apicultores aliados, pendientes de las colmenas, del campo y de cada cambio en el clima.

Valorar la miel también significa conocer de dónde viene

La apicultura mantiene una relación directa con el territorio.

Las abejas dependen de las plantas que florecen a su alrededor y cada variedad de miel refleja, de alguna manera, un momento concreto del paisaje.

Romero, azahar, tomillo, lavanda, brezo, biércol o las numerosas especies que forman una miel de milflores cuentan historias diferentes del campo.

Por eso creemos que conocer el origen de una miel también ayuda a valorar el trabajo que existe detrás.

Un tarro no empieza en la tienda.

Empieza muchos meses antes, en una colmena.

Descubre nuestras mieles

Variedades seleccionadas junto a nuestros apicultores aliados, respetando el carácter de cada floración y el origen natural de la miel.

Descubre Miel del Parpalló

Preguntas frecuentes sobre el calor y las colmenas

¿Por qué un verano muy seco puede afectar a las abejas?

Las abejas dependen de las floraciones y de los recursos que encuentran en su entorno. Cuando el calor y la falta de agua reducen la vegetación disponible durante mucho tiempo, las colonias pueden encontrar más dificultades para conseguir alimento y llegar debilitadas al final del verano.

¿Puede recuperarse una colmena que ha quedado débil?

Sí, dependiendo de su estado y de las condiciones posteriores. La experiencia del apicultor es fundamental para valorar cada colonia y realizar el seguimiento necesario durante su recuperación.

¿Por qué esperan tanto los apicultores la llegada de la lluvia?

La lluvia favorece la recuperación de la vegetación y puede mejorar progresivamente las condiciones del entorno. Esto puede propiciar nuevas floraciones y ofrecer más recursos naturales a las abejas.

¿Qué hace un apicultor después de una temporada especialmente dura?

Debe revisar las colonias individualmente, valorar su fuerza y decidir cuáles necesitan un seguimiento especial. En situaciones muy delicadas también puede ser necesario retirar las colmenas que ya no resulten viables.

¿Por qué es importante conocer el origen de la miel?

Conocer su origen permite relacionar la miel con una floración, un territorio y el trabajo del apicultor que la ha producido. En una miel artesanal, cada temporada y cada entorno influyen en las características de la cosecha.

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